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Dennis Law, el ‘pescagoles’

La increíble historia de Dennis Law, el tercer miembro de la tripleta mágica del United.

16/10/2009 13:29 | Eudald Caseras | Histórico

Dennis Law.

Aberdeen es la ciudad con el puerto marítimo más importante de Escocia y el lugar de nacimiento de uno de los ‘red devils' más venerados en la historia del United. Aunque el destino parecía también reservarle el oficio de pescador, su padre que tantas veces había tenido que visitar al prestamista se dedicaba a la pesca para sacar adelante a sus seis hijas y al último recién llegado a la familia Law, el pequeño Denis. Pero a éste le tenía reservado otra clase de pesca. Esta era fuera del mar y dentro del área rival en un campo de fútbol, para pescar goles.
En sus dieciocho años como jugador los marcó de todas las formas; el eco de sus cifras aún ‘canta', sobre todo en la historia del United, el equipo con el que consiguió llegar a la gloria y donde sus registros aún perduran: Récord de goles en una temporada (46) y segundo máximo goleador en el cómputo global (236) tras Bobby Charlton. Lo suyo era perforar la portería rival ya fuese de cabeza con el salto del salmón -algo así como el salto que hace el salmón escocés para salir del agua- verdaderamente sus remates eran tan creíbles y daban fe constatable de que alguna vez también su ser estuvo dentro del cuerpo de este típico pescado de las aguas escocesas, de la misma forma que sus inusuales tijeras, esas con algún extraño aire brasileño o argentino, así relucía el genuino estilo Law, remates con el peculiar e intransferible signo personal y siempre bajo el hábitat natural del área pequeña para hacer desde allí llegar el balón a la red, porque esa fue la implacable ley que le encumbró y definió.

Estilo heterodoxo
"Mi conclusión sobre el nuevo es que es un ‘friki'. Nunca antes había visto a alguien con menos posibilidades para ser futbolista: débil, enclenque y con gafas". El espectacular comentario es obra de Archie Beattie, manager del Huddersfield Town, tras verle en acción el primer día de prueba justo después de que su propio hermano se lo hubiera recomendado para la delantera del equipo, algo que le hizo pensar que aquella recomendación era una jocosa broma por su parte. La descripción de su figura, insípida en apariencia y junto a la miopía de uno de sus ojos que le obligaba a llevar las lentes -deficiencia que fue corregida posteriormente-  incitaban a este tipo de elocuentes insinuaciones.

Pero a pesar de estas palabras Denis pasó a formar parte del club. El secreto estaba en ver qué pasaba después de observar con detenimiento el encuentro entre balón, delantero y portería. Cierto es también que su estilo en ciertas acciones era un poco o con tendencia a heterodoxo, pero ahí residía su habilidad y su talento. Sobre él se percibía algo más que nadie en el terreno de juego era capaz de controlar, y ese no era otro que el llamado instinto de gol innato que se concentra en la especie del goleador y para la que aún se tiene que inventar la fórmula para contrarestarla. 

Entre escoceses anda el juego

Tuvo que ser la llegada de otro escocés, el legendario Bill Shankly, el que impulsara su carrera tras el descenso del club a la segunda división y justo a partir de ese momento comenzó a crecer. Con 16 años era ya titular indiscutible en el equipo y en solo dos temporadas más se hace un hueco en la selección escocesa, con ella comparte el honor junto a Kenny Dalglish de ser el máximo goleador de la historia de los ‘scottish’ (30) además de jugar la Copa del Mundo de 1966 y que ganó la propia selección anfitriona donde quedó para el recuerdo la siguiente anécdota: conocida es la rivalidad entre las dos selecciones británicas, y es que mientras Inglaterra y Alemania jugaban la final, él se empleaba en otro tapiz verde pero con los palos de golf. Aquella estaba siendo para él una estupenda tarde hasta que se oscureció cuando se enteró del desenlace del partido, y que suscitó su flema británica: “La tarde estaba siendo perfecta, pero estos cabrones me la han estropeado”.

Poco antes de ese rememorado comentario su estadística ya había crecido a la par, en partidos y goles, y también había recibido la llamada del primer equipo de la ciudad de Manchester para el que jugaría, el City. Allí los primeros 21 viajes que realiza el balón a la red con su firma fueron más que suficientes para que el Torino italiano se animase a ficharlo con un ampuloso contrato, para mitigar la figura del galés John Charles que lideraba entonces a la vecina Juventus en Turín.

Sin embargo, la aventura para el mejor jugador escocés de todos los tiempos duró solamente una temporada, en parte debido a su inadaptación a la vida italiana que le desconcertaba, tanto fuera como dentro del terreno de juego; la costumbre de comer pasta a diario y el rígido ‘catenaccio’ del Calcio en los esquemas futbolísticos, más el sobresalto final de un accidente de coche, del que salió afortunadamente ileso y que terminó al final por devolverle a las Islas Británicas, colocándole en el punto de partida donde comenzó la leyenda de su ley: el Manchester United.

La tripleta ‘red magic’
Bautizada como la ‘Holy Trinity’, la Santísima Trinidad, su llegada a los ‘red devils’ propició que el nombre del prolífico goleador escocés fuera indisoluble al de los Bobby Charlton y George Best:  Denis era el gol, Bobby la elegancia y George la fantasía. Juntos formaron la ‘tripleta mágica’, una de las más increíbles de la historia del fútbol, que iluminó al Manchester United en el lustro de 1965-70. En esos cinco años los ‘red devils’ celebraron varios títulos: la Cup de 1963, dos ligas en 1965 y 1967 y  la ansiada Copa De Europa ganada al Benfica. Aunque para él la alegría no fue del todo completa porque una lesión en semifinales le privó de disputar la final.

Y a título individual, y en el mismo orden de consecución, los tres coparon los Balones de Oro del 1964, 1966 y 1968. Durante once años su estampa fue inconfundible en Old Trafford, con las mangas de la camiseta cubriendo sus manos, y solo cuando se veía ya a la derecha alzada y descubierta en el aire haciendo la señal de saludo, era el signo inconfundible de que el ‘rey’ acababa de marcar nuevamente.

El último gol
En total fueron 258 los goles contabilizados en su carrera. Pero el último fue especialmente doloroso y cruel por su trascendencia. Terminada su estancia en el United, decide enfundarse de nuevo la camiseta azul del City. Sin embargo, aquella decisión le costó el mayor arrepentimiento de su vida. Su ley continuó el mismo camino y fue fiel a sí misma hasta en la propia casualidad  Esa quiso que su último toque hacía la portería sirviera  para decidir el derby de Manchester a favor de su actual equipo y que también significó el descenso a Segunda División de su amado United. Como no, ese gol llevó impreso su distintivo particular, de tacón y girando sobre si mismo. Nada más marcar y después de ir deambulando cabizbajo por el césped en los instantes posteriores fue sustituido y ahí terminó para siempre la ley de Law, el gol de Denis Law.

El club le ofreció la oportunidad de seguir una temporada más pero con la condición de formar parte del equipo reserva de manera regular, algo que de manera automática rechazó. Una vez retirado trabajó para los medios de comunicación y fue intervenido a tiempo de un cáncer de próstata. Ahora, hace las delicias de los aficionados colaborando con las asociaciones de fans del Manchester y el Huddersfield, y de vez en cuando entrega premios o distinciones personales como hizo a Lionel Messi en la gala que entregó los premios a los mejores de la pasada Champions League 2008-09



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