Historias del Mundial desde... Dinamarca

Dinamarca y el fútbol sin dramatismo

El 'Rooliganismo' danés estará en Sudáfrica. Un particular modo de entender el balompié.

20/02/2010 10:01 | Donbalon.com | Sudáfrica 2010

Dinamarca y el fútbol sin dramatismo

Dinamarca concibe como una extensión de su actitud relajada ante la vida el fútbol, un deporte que a la vez es expresión máxima del arraigado pero no agresivo nacionalismo de un país orgulloso de una selección con una historia corta aunque brillante en los Mundiales.

El fútbol ha dado a este pequeño país el momento de mayor fervor popular en su historia reciente: la victoria en la Eurocopa 92. Ese triunfo, aparte de servir de ajuste de cuentas simbólico con Alemania por la controvertida ocupación nazi en la II Guerra Mundial, desató una pasión colectiva sin parangón y ha dejado un recuerdo imborrable en varias generaciones de daneses.

La histórica victoria de 1992 es el ejemplo perfecto para explicar la forma de entender el fútbol de los daneses, tanto jugadores como hinchas. Clasificada por la puerta de atrás, gracias a la sanción de la ONU a Yugoslavia por la guerra de los Balcanes, Dinamarca llegó a Suecia en el último momento, con medio equipo de vacaciones. Contradiciendo todos los axiomas del fútbol científico, la ‘Dinamita roja' jugó sin presión, exhibiendo una competitividad máxima pero también el espíritu eminentemente lúdico y festivo del fútbol, una mentalidad perfectamente extensible a la afición, identificada por un fenómeno genuino danés: el roliganismo (rolig significa tranquilo en danés), nacido en la década anterior, coincidiendo con la explosión del fútbol en el país y como contraposición al hooliganismo británico por su rechazo a la violencia.

El roliganismo va íntimamente ligado al hygge, concepto esencial de la cultura danesa de difícil traducción a otro idioma, pero que se puede explicar por la creación de un entorno agradable, tranquilo y acogedor en el que poder compartir con amigos y familia una experiencia común. El roligan danés suele ir ataviado con innumerables objetos rojiblancos como su bandera, ocasionalmente con un casco vikingo, tiene siempre una cerveza en la mano y adora cantar abrazado a sus compatriotas, exhibiendo el profundo orgullo de ser danés e identificado al máximo con sus colores y su selección. Los jugadores son objeto de admiración, pero en ningún caso adquieren la condición casi divina de otras culturas, porque en el fondo "ellos" no son más que "nosotros", en consonancia con la no escrita ley de Jante, que impregna la cultura danesa de cabo a rabo y que explica su arraigado sentido de igualitarismo: nadie es mejor o es más listo que los demás.

Y en ese contexto, la derrota, por dolorosa que pueda ser, no es una tragedia. Pero eso no debe malinteprertarse como una falta de pasión por el equipo, simplemente sitúa las cosas en un plano más terrenal. Cualquiera que presencie un partido de la ‘Dinamita roja' en el Parken de Copenhague percibirá que el ruido atronador de 40.000 gargantas cantando el himno nacional, sin música de fondo, indica que el fútbol es algo serio para los daneses.

Piontek y el punto de inflexión
La interpretación más conformista de esa actitud había impregnado el fútbol danés hasta 1979, año que marca el inicio del fútbol moderno en Dinamarca, coincidiendo con la llegada al puesto de seleccionador del alemán Sepp Piontek. Durante sus once años como técnico, fue el responsable de inculcar la mentalidad profesional y competitiva de la que carecía una selección que hasta entonces era poco más que una comparsa en el balompié internacional -pese a un pasado olímpico notable, con un bronce en 1948 y una plata en 1960- y que celebraba las derrotas con cerveza.

Piontek modernizó el fútbol danés y aprovechó una generación de futbolistas sobresalientes -Michael Laudrup, Elkjær Larsen, Lerby, Arnesen y Jesper Olsen, entre otros- para situarlo en el mapa. Las semifinales de la Eurocopa'84 fueron el primer aviso de un grupo que alcanzó la excelencia en México 86, su primer Mundial, en el que asombró en la fase inicial con un fútbol total, al estilo de la Holanda en la que se formaron muchas de sus estrellas. La goleada a Uruguay (6-1) fue la obra más perfecta del fútbol desenfadado y de ataque de un equipo que acabó invicto y que se ganó el cartel de candidato al título. Pero al igual que dos años antes, España se cruzó en su camino y dejó afuera a una selección merecedora de mayores premios de acuerdo con sus méritos.

Aunque Dinamarca falló en las dos siguientes citas, la semilla ya estaba sembrada, y el éxito llegó por fin de la forma más imprevista en 1992, con un equipo claramente inferior y sin Michael Laudrup. Ya con el sin discusión mejor futbolista danés de todos los tiempos en sus filas, le ganó tres años después la Copa Confederaciones a Argentina.

En sus otras dos participaciones en los Mundiales, Dinamarca nunca ha pasado desapercibida. En Francia'98 humilló a Nigeria en octavos (4-1) y rozó una sorpresa mayúscula en cuartos frente a Brasil (2-3), en el partido de despedida de la selección de los hermanos Laudrup. En Corea del Sur y Japón, Dinamarca mandó para casa antes de tiempo a la vigente campeona, Francia, aunque luego hincó la rodilla en octavos frente a Inglaterra (0-3).

Un regreso optimista
Tras los relativos fracasos de no clasificarse ni para el Mundial de Alemania ni para la Eurocopa de Austria y Suiza -que no le costaron sin embargo el puesto al seleccionador Morten Olsen, una década al frente del equipo-, Dinamarca llega ahora a Sudáfrica después de desmentir los pronósticos que la daban por eliminada de antemano frente a Suecia y Portugal. Y lo hace como campeona de grupo, recuperada además la condición hegemónica en Escandinavia. Aunque carente del brillo y del talento de antaño, mantiene sus señas de identidad y su deuda con el fútbol de Holanda, equipo al que por cierto se enfrentará en primera ronda, además de una competitividad notable. Nadie espera mucho más que pasar como segunda de grupo y caer en octavos con dignidad, pero si Bendtner, el delantero del Arsenal y su máxima estrella, explota, la ‘Dinamita roja' puede volver a dejar su sello.



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