Historias del Mundial desde... Corea del Sur

Corea del Sur, un tigre blanco que quiere rugir

Pese a la decepción de 2006 y la expectación contenida, los coreanos siempre son temibles.

27/02/2010 11:54 | Donbalon.com | Sudáfrica 2010

Corea del Sur, un tigre blanco que quiere rugir

En Corea del Sur, también llamada oficialmente República de Corea, se toman el deporte como una gran fiesta. Es todo un ritual el presentarse horas antes del partido con toda la indumentaria roja y los grandes cubos de pollo frito o hamburguesas adquiridas en famosas franquicias que, por supuesto, adaptan sus productos al estilo coreano, y acabar prestando atención -incluso más que al partido en sí- a las actuaciones musicales a cargo de jóvenes bailarinas moviéndose al ritmo de los últimos éxitos de música pop coreana que entretienen al público antes, durante y después.

En fechas de campeonatos internacionales, se puede ver como un país tan unido, con unos 50 millones de habitantes y una extensión cinco veces menor que España, llena las grandes avenidas de la superpoblada megalópolis de Seúl, produciendo un fuerte contraste entre el color gris del asfalto y los altos rascacielos, y los colores rojo y blanco de la entregada afición. Esta muchedumbre, bautizada como los Bulgeun Ahgma o ‘Diablos Rojos', anima al grito de "Dae-Han Minguk (República de Corea)"  contemplando las grandes pantallas en las fachadas de los altísimos edificios. Una imagen verdaderamente única.

Es palpable que en Corea el fútbol se vive más en la calle que en las casa o los bares. Aun así, hay cierto sector que se tiene que buscar la vida para ver a la selección, y es que el servicio militar obliga a los jóvenes coreanos a estar 21 meses en el ejército. Sólo si tienen suerte con sus superiores, existe la posibilidad de disponer de algún televisor o, por lo menos, de tener un rato libre para esconderse en un rincón y ver el partido por la pantalla del teléfono móvil, aunque su uso está teóricamente restringido. Otra parte de los jóvenes, los estudiantes, llegan hasta el punto de saltarse los exámenes universitarios para poder ver el partido. Todo esto ya ha pasado y volverá a pasar en el Mundial de Sudáfrica.

EL PESO DEL PASADO RECIENTE
En la actualidad, sin embargo, todavía no se respira mucha expectación de cara a la cita mundialista. Después de llegar a las puertas del cielo en 2002, en casa, habiendo ganado por penaltys a España en cuartos y siendo relegada a la cuarta plaza por Turquía, las expectativas eran altas en 2006. La afición no esperaba una derrota tan pronto, así que los ánimos cayeron en picado cuando en Alemania 2006 Corea del Sur se quedó fuera de los octavos habiendo batido a Togo, empatando contra Francia y, finalmente, perdiendo contra Suiza. Corea del Sur, considerada la selección nacional más exitosa de Asia, sufrió un fuerte golpe en el orgullo que dejó claramente tocados al equipo y a la afición.

Al fin y al cabo, los coreanos no tienen una larga historia futbolística y, aunque este deporte aún no es el que más despierta a la sociedad, hay que decir que está ganando aficionados año tras año. El país siempre se ha mostrado más entusiasmado por el béisbol y otros deportes, pero los recientes éxitos en campeonatos y copas continentales han contribuido a que la gente muestre especial interés por la selección nacional, incluso más que por los equipos de la K-League. Además, desde que algunos jugadores coreanos están desarrollando sus carreras en clubs europeos, crece la atracción por las ligas del Viejo Continente y por el fútbol del resto del mundo. No es extraño cruzarse con coreanos con la camiseta del Real Madrid o del FC Barcelona. De hecho, por raro que parezca, hay quienes conocen más la Liga española que la propia coreana.

EL AÑO DEL TIGRE BLANCO
 En los últimos días, la tranquilidad en el ambiente se ha visto alegremente salpicada por el segundo puesto en el Campeonato de Asia Este a mediados de febrero, donde Corea batió a Japón tras una gran remontada (3-1) en el Estadio Olímpico de Tokio, dejando así a China en el primer puesto. Una alegría a medias que se ha celebrado junto a la llegada del año nuevo, el del tigre blanco. En esta sociedad capitalista, ferozmente competitiva y exageradamente consumista, el símbolo del tigre -cada 60 años- afecta no sólo en el campo del deporte, sino también en el sector de la economía y de los negocios. Tanto gobierno, como empresas privadas están más animados que nunca. El país está siendo de los primeros en salir de la crisis económica mundial y planea grandes inversiones y expansión de cara a éste y los próximos años. Un país que ha sufrido guerra, pobreza y un milagroso y vertiginoso desarrollo confía cada vez más en él mismo. Y el fútbol no escapa a esa firmeza.

De todos modos, no nos engañemos, no existe el esfuerzo de la afición para acompañar a su equipo nacional que se puede percibir en otros países. Sudáfrica está muy lejos y el peso de la decepción del pasado aún se denota en el modo con el que hablan los seguidores. El público, eso sí, otorga gran responsabilidad a los jugadores de antaño, así que las esperanzas se centran en los futbolistas, muchos de ellos jóvenes, que están jugando actualmente en clubs europeos. Corea del Sur no lo tiene fácil en un grupo con Argentina, Grecia y Nigeria, por lo que los hinchas coreanos se dan a sí mismos el rol de ‘cenicienta'. Pese a todo, cuando se inicie el Mundial 2010, no cabe duda de que demostrarán que los ánimos están latentes y de que llegará el momento en el que estallarán. Entonces el tigre rugirá.

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