Los andaluces evitaron goles de todos los colores

El Barça sufre en su regreso al buen tono

Un gol de Messi a cinco minutos del final resuelve un partido durísimo.


El Barça sufre en su regreso al buen tono

Refunfuñaba el Camp Nou con ese runrún tan particular que tiene. Faltaban poco más de cinco minutos e, incomprensiblemente, el Barça empataba ante el Málaga en un muy buen partido de los de Guardiola. Cualquiera, urgido por los segundos, hubiera intentado acelerar el choque. No Xavi. El egarense dibujó una diagonal exquisita para Alves que le puso al primer toque el gol a Messi para que el argentino sentenciara a puerta vacía a un gran Málaga, que con su capacidad de sufrimiento, había complicado y mucho el partido para los azulgrana. Con el gol, el Barça recuperaba el liderato y volvía a sentirse en su propia piel tras días de inseguridades y desajustes. Con el gol, los culés volvían a dejar la enésima prueba de que quien quiera ganar esta liga, tendrá que correr hasta el último metro para alcanzar la meta. La igualdad es tanta entre blancos y azulgranas, que el más mínimo error será decisivo.

El Barça se presentó con una variación táctica soprendente. Intervencionista, Guardiola planteó un 4-2-4 en ataque, con bandas para Iniesta y Pedro, a la búsqueda de la reacción del equipo y del regreso a la recuperación de sensaciones. Y a buena fe que lo consiguió, en buena parte también por la reaparición en el once de un Dani Alves incansable. Y eso que el Málaga fue el primero en golpear cuando Duda, tras falta sobre Obina, apunto estuvo de soprender a Valdés desde el lateral. Fue el único acercamiento malacitano hasta el postrero gol de Valdo, y entre ese enorme lapso de tiempo, un esfuerzo titánico para contener el aluvión azulgrana.

Tan sólo en la primera parte, las llegadas al área de los locales fueron 20, por dos de los visitantes. El dato ilustra a las claras lo que fue el primer período. El Barça monopolizó el balón y redujo el partido a 30 metros, los del área que defiende Munúa. Con Messi en el eje, las ocasiones se sucedieron una tras otra. Llegadas por ambas bandas, centros, jugadas individuales del argentino, remates de tacón de Xavi, triangulaciones que Zlatan no resuelve a puerta vacía por un centímetro, embrollos en el área pequeña con Iniesta,...  Siempre fallaba algo, y en muchas ocasiones era la intervención de un defensa andaluza multiplicada, en la que Wellington se marcó un partido soberbio.

Tras la reanudación, el guión no cambió demasiado, aunque el dominio del Barça fue más monótono, menos revolucionado. Dos remates de un 'Ibra' que llegó a desconcertar a su propio público se añadieron a la nómina de ocasiones desperdiciadas hasta que apareció Pedro.

El tinerfeño cumplía su partido 50 como azulgrana y a sus 15 tantos vino a sumar el número 16, el octavo que le significaba tres puntos al Barça. En las últimas semanas, se le había criticado al canario que todo lo que aportaba en el apartado rematador lo restaba en el de desborde y circulación. En la primera mitad, Pedro contradijo esos argumentos con una actuación repleta de regate y asistencia en la banda, pero la gloria le vino a buscar de nuevo para llegar al gol, su gran don. Recogió un balón en el ángulo izquierdo del ataque azulgrana, impactó el esférico con el empeine exterior y batió a un Munúa que parecía infranqueable con un latigazo seco. Automáticamente desplegó sus alas hacia atrás y volvió a correr eufórico en ese gesto suyo tan particular. Volvía a volar tras varíos partidos de suplencia. Volvía a sacar su ángel.

Y con el gol del canario en el minuto 70 parecía que se acababa la historia. Pero el Málaga fue sólido en el empate y en la derrota. Pep volvió al tradicional 4-3-3 para asegurar el balón, pero una pérdida desactivó a los culés, que presionaron en masa y de golpe a Obina para que este completara un pared con Valdo y superara a Valdés por bajo a diez minutos del final. El Málaga volvía a demostrar que esta era su noche y los azulgranas rozaban el knockout. Por suerte para los de Guardiola surgió Xavi y dibujó el camino hasta el triunfo, uno de aquellos que refuerzan en lo moral y valen más de tres puntos.



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César Sánchez César Sánchez

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