Joan Laporta ya no es el 'Kennedy' que llegó en 2003.
El mutante se parece a Chávez
La personalidad prepotente de Laporta le lleva a cometer dislates que asombran en todo el país.
El insólito e inaceptable comportamiento de Laporta como presidente del Barça no ha sorprendido más que a aquellos que aún no le conocían a fondo. Su final en el cargo, el próximo 30 de junio, está propiciando una serie de conductas que no son sino el reflejo de un personaje angustiado por asegurarse un chollo, tras ocupar uno de los sillones más importantes de Catalunya.
Laporta busca hacerse un sitio en la llamada sociedad civil catalana y no le importa cómo y de qué manera. Su personalidad altiva, soberbia y prepotente le lleva a cometer dislates que asombran no sólo a los socios del club sino también a los ciudadanos de Catalunya y España. Y para protegerse de las críticas nada mejor que decir sin rubor alguno que le atacan porque es un patriota que quiere la independencia de Catalunya. Con esta cantinela busca un chollo desesperadamente, lo que le convierte en un personaje cuando menos peligroso para la salud mental de los ciudadanos.
Envuelto en este demagógico caparazón, bien se puede decir que a Laporta le salvan los resultados. Por suerte para el Barça, Guardiola ha sabido aislar el vestuario de las tonterías que suelta su presidente.
Cuando llegó a la presidencia del club hubo quien le calificó como el John F. Kennedy catalán, aunque luego, a medida que abrió el grifo de las mentiras, pasó a ser considerado como Richard Nixon, que tuvo que dejar la presidencia de Estados Unidos, no por haber espiado a los demócratas en el hotel Watergate, sino por haber mentido ante la justicia.
Con el paso del tiempo, los barcelonistas, que ya le echaron sin éxito en el Voto de Censura, que Laporta perdió en julio de 2008 con un 60,6% de votos en su contra, se dan cuenta que ahora está mutando hacia un Hugo Chávez, pues exhibe ese estilo chulesco, dictador y provocador del presidente venezolano.