28 años después y millones de dólares invertidos. Stallone, era tan fácil..

El actor tarda tres décadas en lograrlo. Se arrepiente pero ya no hay marcha atrás

Si por algo se caracteriza Hollywood es por ejercer sobre quienes viven de ello una maldición: la de querer permanecer siempre jóvenes, como si del País de Nunca Jamás se tratase. Son muchas las personalidades que han caído atrapadas en esta trampa y que han hecho lo posible y lo imposible por retrasar algo que por otro lado es ley de vida, el propio envejecimiento.

Con la llegada del nuevo siglo fueron muchos los actores y cantantes que quisieron ganar la batalla a la naturaleza a base de quirófanos y los resultados, en la mayoría de los casos fueron horripilantes. Cuando hablamos de personalidades que han quedado retratadas tras su paso por las salas de operaciones de los hospitales es imposible no empezar por Mickey Rourke. Su cara ha quedado irreconocible y basta con un primer vistazo para ver que su batalla contra el envejecimiento ha sido un absoluto fracaso. 

 
 
 
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Syl throughout the years! 😎

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No son muchos los famosos que reconocen su paso por el bisturí pero Sylvester Stallone ya lo hizo en 1992 cuando declaró en público que se había estrenado en el taller de los humanos, el quirófano. Desde entonces un sinfín de operaciones con mucho dinero de por medio para no dar con la tecla en ninguna de ellas. Su cara fue evolucionando hasta perder prácticamente cualquier expresividad y parecer una caricatura de sí mismo.

Ha sido a finales del mes de enero, cuando en una aparición pública, el actor neoyorquino se ha mostrado sin tinte y con barba, de forma mucho más natural que lo que ha acostumbrado en las últimas tres décadas y ha sido un éxito total. Las redes han aplaudido su decisión felicitándole por mostrarse de ese modo e instándole a seguir así. Sus 74 años no son ninguna vergüenza y cuanto antes se de cuenta Sylvester mejor para él. A veces buscamos tanto un objetivo que perdemos el norte y terminamos consiguiendo justo lo opuesto de lo que queríamos. Ha bastado con dejar de buscarlo para dar en el clavo.