A Emily Ratajkowski se le va de las manos ¡Enseña cómo es su perrito!

Vaya locura

La primera, ella misma. Emily Ratajkowski no ha cambiado ni externa ni internamente en exceso desde que arrancara su carrera hace lustros, poniendo su rostro y su cuerpo al servicio de vídeo clips musicales que la catapultaron a ella y a los propios artistas, por su belleza, al estrellato y a la primera línea de la trascendencia mediática. Hoy, la modelo británica es una de las más buscadas y deseadas del mundo y cada cosa que hace tiene una repercusión enorme.

Más si es como la que nos hemos encontrado y que se refiere a un momento íntimo y personal que, además de la habitual sensualidad a la que nos tiene acostumbrados la de Westminster, enseña algo más. Mucho más. Incluso más de lo que la gente ha visto nunca de ella. Normalmente hablaríamos de Sebastian Bear-McClard, el guapo y sorprendente marido de la inglesa, que es con quien normalmente aparece en sus instantáneas privadas, ya sea en su casa o en plena calle. Pero esta vez es otra cosa.

Emily Ratajkowski

Será que esto de ver evolucionar su carrea profesional -desde las apariciones esporádicas musicales o en pasarelas, ha pasado a ocupar uno de los tronos en ambos aspectos y ser partícipe, e incluso protagonista, de películas como 'Cruise', ‘Qué guapa soy’, ‘Músicos, amigos y fiesta’ o ‘Perdida’- le ha soltado aún más la melena (y no es que Emily sea de cortarse a la hora de enseñar su intimidad o su figura) y por eso nos está dejando detalles bastante jugosos de su vida.

Y uno de los más grandes es este momentazo, inmortalizado para siempre en la retina de sus millones de fans y seguidores, en plena cama, en su casa y en la intimidad, con un modelito muy cómodo y atractivo y con su enorme y bonito pastor alemán sobre ella. Nunca la habíamos visto (ni a él) tan juntitos, dándose calor y posando tan abiertamente acaramelados para la cámara de Bear-McClard. Ahora sí sabemos como es su perrito. Pues ahí está, y nos encanta. No todo lo que nos gusta de ella son sus curvas, Emily es mucho más, y aunque aquí solo se adivinan eso es también parte de su atractivo: el poder de enseñar sin mostrar.