¡Karol G deja la dieta! La foto bomba que revoluciona Instagram

Negarlo no le va a servir de nada

La tentación se hizo para caer en ella y cometer todo tipo de pecados. Disfrutar del momento prohibido como si no hubiera mañana y arrepentirnos después. A veces el arrepentimiento no cabe, que a este mundo no se vino a sufrir, y menos ellas. Nada tiene que ver que te llames Karol G y no puedas pegarte un lujo gastronómico de vez en cuando. Que si tus seguidores se merecen un físico digno de la diva a la que adoran, tu anatomía reclama la grasa de comida poco sana de antaño y a la que acostumbraste a tu cuerpo y que ahora limitas a los niveles de famosa estipuladas por vuestros contratos.  

Que los shorts que tanto te gustan y los ceñidos y tops tan estilo reina del regaetton tienen un tamaño y no se espera otro. Y que si siete días a la semana los pasa tarareando y moviendo trasero a base de bien, nada puede pasar por una hamburguesa de las de hace época y patatas fritas de las de llorar. 

Que de vez en cuando la tentación también llama a casa de la cantante y ella abre las puertas encantada. Y si pensabas que la colombiana era capaz de conformarse con un menú calórico de los prohibidos por cualquier nutricionista, la intérprete estira un poco más el antojo para llegar hasta el postre. Porque un helado después de todo eso no es más que una minucia, y porque ya de hacerlo, se hace bien. Que a las curvas de su cuerpo, de vez en cuando, hay que darles el día libre. Que si el cuerpo pide grasa, el cuerpo es sabio y al cuerpo hay que escuchar. Que luego eso se quema bailando, entonando dos o tres letras de la suyas y comenzando a menear. Porque a nadie le amarga un dulce y una hamburguesa, tampoco.