Modelo 2003

Cuando a Boca se le acababa la nafta y perdía con Paranaense, Tevez entró y le recargó el tanque: gol sobre la hora y explosión como en sus mejores épocas para ganar 2 a 1 y terminar primeros.

Gustavo Alfaro remarcó en reiteradas ocasiones que su Boca es un Falcon Sprint. El auto que marcó tendencia en la década de los 70 y 80 en la Argentina fue el ejemplo que utilizó para trazar una analogía con su equipo. Con buenas butacas y un buen motor, el entrenador destacaba que era necesario afinarle el motor para aprovechar su velocidad. Sin embargo, ante Atlético Paranaense quedó en evidencia que el Xeneize requiere reparaciones más profundas. El equipo no otorgaba reacciones luego recibir el gol de Ruben y, cuando el tanque de combustible se agotaba, ingresó Tevez y le dio una recarga de fútbol. Como en sus mejores épocas, con explosión y regates, marcó un gol sobre la hora, posterior al empate de Lisandro López, y sentenció el triunfo de 2 a 1 en La Bombonera.

La victoria le permitió al club de la Ribera finalizar primero en el Grupo G de la Copa Libertadores (con el empate quedaba en segundo lugar) por encima del equipo brasileño, que se había impuesto por 3 a 0 en Curitiba por la tercera jornada. De esta manera, la atención se centrará en el sorteo de los octavos de final que se llevará a cabo el próximo lunes a las 21.30. Esto se debe que el Xeneize, al ganar su zona, y River, que acabó segundo, tienen posibilidades de enfrentarse en la siguiente ronda y reeditar una nueva edición de los Superclásicos en el torneo internacional. Los antecedentes recientes favorecen al Millonario, que fue vencedor en la final disputada en diciembre por el torneo continental y también en 2015 en la fase de los 16 mejores equipos. Mientras que en la semifinal de 2004 y los cuartos del 2000, el Xeneize fue quien festejó.

Gol de Tevez

A la espera de lo que determine el sorteo, que también tendrá a San Lorenzo y Godoy Cruz como representantes argentinos, Boca disfruta luego de superar una noche donde, por momentos, viejos fantasmas comenzaron a rondar por las inmediaciones del Alberto J. Armando. 

Los primeros 15 minutos del encuentro fueron una muestra de lo que pretende Alfaro de su equipo. Una asfixiante presión sobre la defensa de Paranaense, que nunca claudicó en el intento de salir jugando desde el fondo pese al mal estado del campo de juego, le permitió al Xeneize recuperar la pelota en zonas altas de las canchas y realizar ataques más cortos. En este panorama, se beneficiaron Sebastián Villa, quien abandonaba la banda para integrarse a la generación de juego por el centro, y Darío Benedetto, que sufrió una molestia muscular y fue reemplazado por Wanchope Ábila a los 41 minutos (aún no se conoce el alcance de la lesión). 

Las constantes proyecciones ofensivas de Julio Buffarini por el sector derecho obligaban a Rony, desequilibrante extremo rival, a perseguirlo y, por ende, luego quedaba muy lejos del área de Boca para generar peligro. Pese al arranque esperanzador, Boca comenzó a denotar señales de cansancio, generadas por el hecho de disputar dos encuentros con el césped pesado por las intensas lluvias, y no logró volver a ejercer la misma presión que en el inicio. 

A partir de entonces, el conjunto brasileño, con Lucho González como capitán y referente, impuso las condiciones y abrió el marcador a partir de una pelota parada. A los 21 minutos del complemento, Esteban Andrada reaccionó mal al envío al área chica de Nikao, la pelota lo superó y Marco Ruben se lanzó de cabeza al suelo y marcó el 1 a 0. 

Marco Ruben

Paranaense aprovechó la ventaja para jugar con la desesperación del local. Circulaba la pelota de un lado al otro mientras los futbolistas del Xeneize salían descoordinados a presionar y no lograban recuperar la posesión con rapidez. 

A los 24' de la segunda parte, Alfaro envió a la cancha a Tevez. Y la jornada le tenía preparada una noche gloriosa. Desde su ingresó, el Apache le dio a su equipo todo lo que le hacía falta. Rebeldía, agilidad para tomar decisiones y ofrecerse constantemente como opción de descarga de la pelota para, a partir de sus pies, generar el juego que Boca no tuvo durante gran parte del partido. El centro de Mauro Zárate que impactó Lisandro López de cabeza para marcar el empate a los 27' (anotó su tercer gol desde que arribó al club a inicios del año) sirvió para ratificar el dominio de Boca y, en especial, de Carlitos.

Festejo de Tevez

El delantero de 36 años disputó sólo 25 minutos, pero los hizo en su mejor versión en Boca. Aquella del 2003, cuando a base de potencia y ataques explosivos con pelota dominada, fue incontrolable para cualquier defensa que intentó detenerlo. Lo sufrieron los equipos argentinos en el ámbito local y lo padeció el Santos en la final de la Libertadores de esa temporada.

Ahora, 16 años más tarde, y nuevamente ante un equipo de Brasil, desequilibró y se volvió incontrolable para el Paranaense, que nunca encontró el modo de frenarlo. Por eso, generó la expulsión de Wellington, quien demostró la impotencia de todo su equipo en una brusca patada. Pero sobre todo, por esos motivos la noche le deparó un final a la altura de su leyenda. Cuando transcurría el último minuto de los cinco adicionados, y el motor del Xeneize estaba fundido, Tevez capturó un rebote en la puerta del área y, como demandaba la noche, no dudó y remató con potencia para sentenciar el 2 a 1 y el primer puesto de Boca.

El Falcon Sprint de Alfaro, sin combustible, estaba por descarrilarse de la ruta. Pero su emblema dijo presente. Recargó el tanque, tomó el control del volante y regresó al equipo a la ruta rumbo a los octavos de final. Por el inevitable paso del tiempo no será el de antes, pero Tevez demostró que aún tiene el alma de su modelo 2003.

Cuadro del sorteo