Silbando bajito

Boca especuló demasiado ante un Vélez que tuvo chances para ganarlo, pero no se sacaron ventajas en un partido marcado por los constantes pitidos y cánticos contra Zárate. Se define en La Bombonera.

Por el contexto hostil o por tratarse de una instancia donde el margen de error era mínimo, Vélez y Boca disputaron un partido friccionado, con más interrupciones que ocasiones de gol y en el cual los hinchas contaron con un nivel de protagonismo inusual. En este escenario, el duelo desembocó en un 0 a 0 por la ida de los cuartos de final de la Copa de la Superliga. El encuentro de vuelta se disputará el próximo jueves a las 21.10 en La Bombonera y el ganador se enfrentará con el vencedor de la serie entre Gimnasia de La Plata y Argentinos Juniors.

El centro de atención de la noche era de púbico conocimiento desde hacía una semana: Mauro Zárate. El delantero del Xeneize regresó por primera vez al José Amalfitani luego de su controversial salida del Fortín en julio del año pasado. Luego de varios días de especulación en los diversos medios de comunicación, el futbolista de 32 años fue recibido por sus ex hinchas, quienes aún no cicatrizan la herida que dejó su partida, con insultos y un cántico que comenzó a sonar tras eliminar a Lanús en la ronda anterior y esta noche nuevamente se hizo escuchar desde los diferentes sectores del estadio. “El que no salta es un traidor”, fue el grito de la tribuna.

Carteles

El nivel que ofreció Zárate no fue el óptimo. Es probable que los cantos en su contra y el hecho de ser silbado en cada acción en la cual entraba en contacto con la pelota hayan tenido un efecto negativo en su juego. En buena medida, también fue responsabilidad del plan ejecutado por Vélez, que anuló los atisbos intentos de Boca por construir juego y generó que el atacante permaneciera aislado durante la noche de Liniers. A punto tal que sólo tuvo influencia a través de la ejecución de las pelotas paradas con las que contó el club de la Ribera. Sin embargo, sólo en una oportunidad resultó peligrosa su pegada al enviar un centro que Carlos Izquierdoz conectó de cabeza, pero no logró direccionar hacia al arco.

El partido que disputó el equipo de Gustavo Alfaro no fue mucho más lucido que el de Zárate. La presión del Fortín conllevó en el abuso de parte del Xeneize de los envíos largos en búsqueda de Ramón Ábila, quien jugó en lugar del lesionado Darío Benedetto, con el objetivo de que el delantero le entregara la pelota a sus compañeros que arribaban en dirección al arco. Pero los intentos de encontrar a Wanchope culminaron en un fracaso tras otro y Boca se retiró de Liniers sin haber generado ocasiones claras de gol.

Zarate

Mientras que el conjunto del Gringo Heinze se repuso de una primera parte deslucida e impuso las condiciones del juego durante el complemento. El local generó triangulaciones en la mitad de la cancha que le permitió explotar los espacios a la espalda de Iván Marcone. De hecho, unos minutos más tarde del inicio del segundo tiempo, Leandro Fernández conectó de cabeza un balón que arribó desde un córner y la pelota golpeo en el travesaño. Luego, Esteban Andrada se erigió como una de las figuras de la jornada y salvó a un Boca que especuló con el empate y que jamás encontró los pasillos para generarle daño a Vélez. El arquero, que será convocado a la Selección Argentina para disputar la Copa América, le tapó un remate en el área chica a Pablo Galdames y luego desvió un potente remate de Álvaro Barreal.

Nandez

En un partido friccionado, con escasas cantidad de llegadas de peligro en ambos arcos y con los cantos, insultos y carteles en contra de Zárate como protagonistas, Boca y Vélez se fueron silbando bajito rumbo al encuentro de vuelta.

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