La lección de Qatar a Arabia Saudita y el mundo: el fútbol puede con todo

En Doha, Al Sadd y Al Hilal se enfrentaron en la semifinal de ida de la Champions League de Asia y brindaron un nuevo ejemplo de que no hay nada imposible para el deporte.

No existe ningún deporte que una y aúne más que el fútbol. Ricos, pobres y hombres y mujeres de todas las condiciones comparten estadio para animar a sus respectivos clubes. Un equipo en el que pueden jugar y convivir cristianos, musulmanes, ateos, judíos o budistas de forma unida, algo que, por desgracia, no ocurre por igual fuera de los estadios: el gol es, sin duda, la máxima expresión de unión que existe.

El martes, en Doha, se disputó una de las semifinales de ida de la Champions League de Asia entre Al-Sadd, dirigido por Xavi, y Al Hilal: un club qatarí contra uno de Arabia Saudita.  Un partido de máxima rivalidad regional, acentuado, además, por el inhumano bloqueo comercial que sufre el pueblo de Qatar por parte de Arabia.

Esa máxima rivalidad en el terreno político se tradujo en un partido lleno de emoción donde hubo un rasgo que fue ejemplo de lo que debe ser el fútbol y que prevaleció por encima del resultado final: el respeto.

El equipo saudí venció 4-1 al equipo local, pero no hubo ningún problema extradeportivo, altercado o similar. El encuentro fue un ejemplo de tolerancia y respeto por parte de la afición qatarí hacia su rival. Es más, en cuanto terminó el cotejo, en una prueba de deportividad, la afición del Al-Sadd despidió con aplausos al equipo contrario.

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Esta es la grandeza del deporte, es la grandeza del fútbol y es la grandeza de un país y una afición como la de Qatar.

La monarquía saudí debería reaccionar ante gestos así y replantear un bloqueo de fronteras que sus habitantes, los grandes afectados, quebraron con una lección de hermandad. El fútbol, y especialmente este partido, evidenciaron que los dos pueblos siguen estrechando lazos. Que disfrutan de actividades similares, como el deporte, y que conviven en paz, con el deseo de que el hecho se mantenga en el futuro.

En este sentido, es más que probable que dentro de dos meses el equipo saudí tenga que acudir a Doha a disputar la Copa del Mundo de clubes. Una nueva oportunidad para volver a poner de manifiesto lo que en Doha ya es un secreto a voces: el país y la ciudad no quieren bloqueos, ni rupturas, ni distancias, y recibirán con los brazos abiertos a la gente del Al-Hilal, como ya ha hecho.

Un mensaje alto y claro a la monarquía saudí que debería ver lo que el fútbol, en un partido, es capaz de hacer: hermanar. Y es que el deporte del balón puede con todo.