Stellantis (Peugeot, Citroën y compañía) se pilla los dedos como Toyota

Un gigante europeo enfrenta una encrucijada clave en su estrategia global

Stellantis (Peugeot, Citroën y compañía) se pilla los dedos como Toyota

No están siendo tiempos fáciles para Stellantis. El gigante europeo, dueño de marcas como Peugeot, Citroën, FIAT y Jeep, ha tenido que enfrentar varios problemas de fiabilidad en sus motores, tanto gasolina como diésel. Pero eso no es todo. La compañía acaba de tirar la toalla en uno de los mercados más difíciles y codiciados: China.

Después de 15 años y una inversión millonaria que superó los 2.000 millones de euros, Stellantis y su socio chino GAC han declarado la bancarrota de su joint venture. La aventura comenzó con ganas y fábricas listas para producir 300.000 coches al año. Pero las ventas nunca despegaron. Desde 2018, la caída fue constante y en 2021 apenas vendieron algo más de 20.000 unidades. Así, en 2022 la empresa se disolvió y ahora se ha liquidado todo, con pérdidas cercanas a los 972 millones de euros. Es un golpe duro, pero parece que Stellantis ha decidido cerrar ese capítulo y enfocarse en otras áreas.

Stellantis Peugeot

El frenazo en el hidrógeno y la nueva realidad eléctrica

No solo China ha sido un problema. Stellantis también ha puesto pausa a su apuesta por el hidrógeno, una tecnología que prometía mucho pero que no termina de despegar. La multinacional acaba de anunciar que detiene el desarrollo de pilas de combustible, cancelando la inversión en Symbio, una empresa creada junto a Michelin y Forvia. El objetivo era impulsar una gama de furgonetas de hidrógeno, pero la falta de infraestructura y los altos costes han hecho que esta opción sea inviable por ahora.

Jean Philippe Imparato, el nuevo CEO de Stellantis en Europa, lo ha dejado claro: las ventas de coches eléctricos no van al ritmo esperado y el hidrógeno en vehículos comerciales ligeros es un mercado demasiado pequeño y caro. Así, la gama ‘Pro One’ que apostaba por el hidrógeno queda en pausa indefinida. Eso sí, la compañía asegura que el personal no se verá afectado y que seguirán invirtiendo en otras tecnologías eléctricas e híbridas.

Al final, Stellantis parece estar aprendiendo una lección similar a la de Toyota: no todo lo que brilla en innovación resulta rentable a corto plazo. Y, mientras tanto, deberá ajustar su estrategia para no perder terreno en el complicado mundo del motor.