Quiyuch camina firme y no se rinde rumbo a Rio 2016

Daniel Quiyuch es uno de los siete marchistas con marca para los Juegos de Rio 2016, para los que se prepara y en los que quiere cobrarse una revancha por la descalificación sufrida en Londres 2012.

Acostumbrado a superar la adversidad, Jaime Quiyuch vive con madurez su etapa de resurgimiento luego de la frustración de haberse perdido los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 debido a una fisura en el pie izquierdo. En agosto durante el Campeonato Mundial de Atletismo de la IAAF en Pekín, China, el atleta volvió al protagonismo al haber conseguido el tiempo de clasificación para Rio 2016 en la prueba de 50 kilómetros (3 horas 57 segundos y 41 segundos, en el puesto 29).

 

Quiyuch, nacido el 24 de abril de 1988, asume ahora con alegría su rol como padre del pequeño Keyleb Sebastián, concebido junto con su esposa la también marchista, Jamy Franco.

 

Comienzo inesperado

El debut de Jaime Quiyuch en los eventos del Ciclo Olímpico estuvo marcado por un episodio glorioso en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 en los que ganó la medalla de bronce en 50 kilómetros.

 

"Ese fue el inicio de una historia grande que plasmó una nueva época de la marcha guatemalteca (además de su bronce, se apuntaron los oros de Erick Barrondo, Jamy Franco y la plata de Mirna Ortiz). Todo el equipo ganó con el corazón. Para nosotros fue una obligación ir a ganar, aunque pocos creían en ello", recuerda.

 

Para Quiyuch ese logro fue con tinte de oro debido al sufrimiento con el que lo conquistó. "Muy pocos pueden contar esa historia (la marcha se convirtió allí en la disciplina más ganadora en una sola edición de Panamericanos). Y yo tendré el orgullo de contársela a mi hijo", añadió.

 

Lecciones de vida

 

Quiyuch empezó en la marcha en 2010, luego de que fue descubierto por Werner Rodas, entrenador de atletismo, en el Medio Maratón de Cobán.

 

"Cuando compito siempre tengo presente a la persona que me regaló mis primeros tenis. La señora Maribel Palma (quien dice fue su empleadora) fue la que confió y me apoyó en mis inicios. Ella me enseñó a que todo se gana con sacrificio", cuenta.

 

A los dos años de incorporarse al equipo élite con el entrenador cubano, Rigoberto Medina, Quiyuch pasó a formar parte del libro olímpico del deporte nacional, al marchar en los Juegos de la XXX Olimpiada de Londres 2012, cuando fue descalificado en los 50 kilómetros.

 

"Me fui de Londres con una gran espina, porque yo entrené para pelear por las medallas, pero sé que no fue el momento indicado y espero que en Rio se cumplan mis metas", admite.

 

A sus 27 años Quiyuch ha enfrentado y superado momentos tan duros como la muerte de su hermano Jéremy Josué en 2012 justo el día en el que volvió de la Copa del Mundo en Saransk, Rusia.

 

En diciembre de 2013 una ruptura de meniscos en la rodilla derecha golpeó sus aspiraciones de seguir en el alto rendimiento ya que un primer diagnóstico médico amenazó con dejarlo fuera de la marcha (a los meses se recuperó y asistió a los Juegos Centroamericanos del Caribe de Veracruz 2014 en los que terminó cuarto en 50 kilómetros).

 

A las pocas semanas, en enero de 2014, Quiyuch vivió quizá uno de los peores momentos de su vida, tras el fallecimiento de Mynor Azaf, su hijo recién nacido.

 

"Con el apoyo de mis familiares cercanos y de guatemaltecos, que aunque no los conocía,  me mostraron su solidaridad pudimos salir adelante junto con Jamy", remarca.

 

Con la marca para Rio, el marchista realiza su preparación bajo la dirección técnica del polaco Bohdan Bulakowski, a quien elogia: "Es un entrenador es exigente y justo con todos los integrantes del equipo".

 

"Uno de los enrenamientos más largos fue cuando llegué a darle 99 vueltas a la pista del Estadio Mateo Flores, en el carril 8 que es el más amplio. Pero los más duros fueron en Spala, Polonia en un circuito en medio del bosque con 11 kilómetros de ida y retorno", cuenta.

 

Con alegrías y tristezas, Quiyuch confiesa: "El deporte ha cambiado mi forma de vivir la vida. No puedo ocultar que de joven estuve en las drogas, pero tuve la dicha de salir de ellas y demostrar que sí se puede", concluye.