Ariel Holan, el entrenador que cumplió con su palabra

Antes de firmar, prometió compromiso, actitud e intensidad para formar un equipo ganador

Cuando el casillero de entrenador estaba vacante en Independiente, los candidatos eran cuatro: Sebastián Méndez, Lucas Pusineri, Paolo Montero y Ariel Holan. Mientras la dirigencia no se ponía de acuerdo en el nombre del sucesor de Gabriel Milito, empezaron a circular audios del hombre mal mirado por su trabajo con drones y por su pasado ligado al hockey.


Entre tantas cosas, Holan hablaba de “un equipo con una intensidad simeonística y bielsística para defender”. Al ser el elegido, encontró muchísimos detractores. Encima su arranque fue duro, al perder por goleada un amistoso ante Racing en Salta. Tras cartón, se vino una limpieza que llevó a más de uno a pensar que, poniéndose a un plantel en contra, no tendría larga vida en el club de sus amores.


Pero el hombre, por entonces de 56 años, le mostró al país futbolero que sus dichos tenían sustento y que no había manera de enrolarlo entre los técnicos vendehumo.


Holan le dio una identidad a Independiente, lo que ya era un triunfo por lo horrible que jugaba con el Mariscal; potenció al plantel y, lo más importante, logró que el jugador le crea. Ese respeto saltó el alambrado y se instaló en los cuatro sectores del Libertadores de América. Acababa de conseguir algo que no resultaba sencillo: que el exigente público del Rojo aprobara su idea.


El trabajo del entrenador sumó puntos positivos. El juego fue mejorando a tal punto que Jorge Sampaoli no dudó en afirmar que Independiente era el equipo argentino que más le gustaba. Integró a las glorias del club y acertó con las incorporaciones.


Pero le hicieron la vida imposible. Al costado del rectángulo disfrutó de su Independiente. Porque como él dijo, contaba con “28 leones”. Pero sufrió un enorme disgusto por decirle “no” al jefe de la barra. Tuvo el mismo coraje de sus equipos para enfrentarlo, aunque le costó tener que vivir la pesadilla de andar con custodia como si se tratara de un delincuente.


En la cancha armó un equipo bárbaro y logró lo que un año atrás nadie pensó: devolverle el orgullo al hincha de Independiente, que tuvo poco tiempo para celebrar la Copa que él les dio porque ahora es incierto su futuro. La gente lo ama y le pide permanencia eterna en el Infierno. Holan merece dirigir al Rojo en la Libertadores. Aunque también merece que lo dejen vivir en paz, como a cualquier hijo de vecino.

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