La humillación de Solari a una estrella del Barça que arrasa el Real Madrid

El argentino retrata a un miembro azulgrana

Tremendo repaso. Más allá del resultado y del igualado encuentro, el Clásico tuvo una gran diferencia entre los esquemas de Santiago Solari y los de Ernesto Valverde.

Así, mientras el argentino diseñó un plan específico para frenar a Leo Messi, aunque al final fuera suplente, colocando a Marcos Llorente como ‘líbero’ y dándole la orden de no perder de vista al argentino, el ‘Txingurri’ no dio ninguna orden.

Solari preparó el encuentro y se notó. El Real Madrid ofreció una imagen muy superior a las que mostró en octubre, cuando salieron goleados por un contundente cinco a uno.

El ex jugador sigue acumulando méritos para, al menos, ser considerado. De hecho, Florentino Pérez no descarta que siga en el banquillo la temporada que viene.

Porque sus decisiones salieron acertadas. Sentó a Bale, Isco o Asensio, algo que hace un año era una utopía, para darle la titularidad a Lucas Vázquez y a Vinicius, dos futbolistas con mucho menos nombre y peso en la plantilla.

 

Y no le pudo salir mejor. Lucas anotó el primer gol y ‘Vini’ fue un quebradero de cabeza para la defensa azulgrana, gracias a sus constantes regates y desequilibrios, aunque le faltara algo de cabeza en los metros finales, algo lógico teniendo en cuenta su edad, apenas 18 años.

También tuvo la determinación para sentar a Casemiro, intocable para Zidane y Lopetegui, y darle los galones a Llorente, olvidado por ‘Zizou’ y ‘Lope’. El canterano volvió a responder sobre el campo y, aunque Messi apenas jugó 30 minutos, se puede decir que no tuvo ninguna incidencia en el juego, en parte gracias al trabajo del ‘18’.

La única apuesta que salió ‘rana’ fue la de Marcelo. El brasileño tenía la oportunidad de reivindicarse y volvió a evidenciar que está a años luz de su mejor versión. Pero de sabios es rectificar y en la vuelta se espera a Reguilón, otro descubrimiento de Solari.

Su pizarra, como captaron las imágenes, estaba repleta de apuntes, mientras que la de Valverde, impotente y temeroso, estaba vacía. Su plan, como siempre, confiárselo todo a Messi.

Y eso no siempre funciona.

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