La gran mentira los fabricantes a los conductores con el cuento del cambio automático

No tiene que ver con la demanda de lo conductores: es puro interés empresarial

La gran mentira los fabricantes a los conductores con el cuento del cambio automático

Que las sensaciones que procura conducir un coche con cambio manual tienen poco o nada que ver con las que brinda llevar el volante de un coche automático es algo que nadie discute. Además, raro es el conductor amigo de ese placer singular que es conducir que no te dirá, en público y en privado, que se queda con la primera de las dos opciones. Pese a ello, las cifras de ventas no mienten y, cada vez más, los coches con cambio automático copan los primeros puestos de los ranking de ventas. ¿Cuál es la razón? ¿Un interés cierto de los conductores por vehículos más sencillos de manejar o, quizá, un interés velado de los fabricantes? Un coche automático, aunque sea más caro en concesionario, exige menos inversión en desarrollo de motores.

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¿Por qué se imponen los automáticos?

Por un coche con cambio manual se paga menos, pero a las marcas, les cuesta demasiado desarrollarlos. Los cambios manuales no tienen componentes electrónicos y su diseño básico no se ha visto modificado con el paso de los años pese a los requisitos de reducción de emisiones cada vez más exigentes. Por ello, desarrollar soluciones para que estos cambios ofrezcan relaciones de transmisión capaces de mantener el motor a revoluciones bajas y velocidades determinadas cumpliendo con los niveles de ruido y emisiones constituye un desafío difícil, costoso y, a juicio de los directores financieros, inasumible.

¿Cuál es la respuesta? Sencillo: desarrollar mejores cambios automáticos, tratar de seducir con la comodidad que ofrecen a los conductores y vender cuántos más coches de este tipo mejor para amortizar lo más deprisa posible el dinero invertido. Marcas como Toyota, por ejemplo, montan ya sólo cambios manuales en sus modelos deportivos desarrollados por Gazoo Racing. Y, sí, aciertas: el cambio manual se va a convertir tarde o temprano en un extra sólo presente en vehículos de alta gama.

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El dinero es la respuesta

Los ingenieros no engañan: para fabricar un cambio manual en condiciones una empresa especializada en transmisiones puede llegar a recibir un documento con más de 200 páginas. La necesidad de montar cambios cada vez más eficientes y de calidad hace que los desarrolladores opten por engranajes de baja inercia, que son de mayor calidad y más caros. Un cambio automático no exige engranajes tan especiales y, además, emite menos partículas y genera menos ruido.Con los combustibles a precios elevados, y dando por hecho que el comportamiento del conductor es clave para garantizar la eficiencia de un cambio manual, no hay duda: las transmisiones automáticas siepre son más baratas y reducen el consumo de combustible y el volumen de gases que emite el coche por su tubo de escape.

Que no te engañen, por tanto: no somos nosotros los que elegimos coches automáticos, son las marcas generalistas como Renault, los distintos sellos de Stellantis y otras las que no quieren invertir en cambios manuales adaptados a lo que el mercado demanda. ¿Qué hacen? Sencillo: montan transmisiones manuales sólo en coches muy caros que se venden solos y sin necesidad de publicidad o en coches baratos, poco atractivos y que nadie quiere. Viene a ser algo parecido a lo que las grandes compañías ferroviarias hacen cuando quieren cerrar una línea y, para reducir la demanda, empeoran servicio y reducen frecuencias para que, con el tiempo, nadie quiera viajar en esas líneas. Lo peor de todo, eso sí, es que la broma la pagas tú: los coches automáticos son más caros que los manuales.